El demonio del mar

sea-at-night

Rápidamente se perdían de vista las huellas que habían dejado en la arena. La jornada empieza, el mar espera una vez más. El reconfortante olor del agua salada sobrevolaba el ambiente en una suave brisa de costa. Sus compañeros en el bote no parecían estar demasiado interesados en lo que quedaba en la playa. Sólo un par de amigos que los acompañaron al bote. Un poco más allá, algunas humildes casas donde sus familias dormían. Al día siguiente esperarían su regreso, con suficiente comida para todos. Esto no siempre ocurría.

Al cabo de unas horas, ya adentrados en el mar la pesca seguía su curso. En unos días habría luna llena, el blanco plata de su luz hacía reflejar cada pequeña cresta de agua. Fuera del susurro de la brisa y el agua moviéndose a su compás ningún sonido alteraba la calma de la noche. Las cubetas de pescado apenas alcanzaban la mitad de su capacidad. El imaginaba con ansiedad otro día en que las personas pasarían hambre. Con el paso del tiempo el cansancio y el sueño se apoderaban de ellos. Los otros dos hombres en el bote revirtieron a su solución usual, platicar de mujeres. Ambos tenían pareja e hijos, pero eso no les impedía buscar sexo y más problemas en otras mujeres del pueblo. Desinteresado, él perdió su mirada en lo profundo del mar, donde la oscuridad habita.

Le pareció ver algo flotando a lo lejos. Tras algunos segundo observando, estuvo seguro. “Hay algo por allá.” Sus compañeros interrumpieron su conversación para confirmarlo. Repentinamente curiosos, remaron el bote hasta acortar la distancia. Restos de madera, tela y soga flotaban, dispersos por las suaves olas. Investigaron durante algunos minutos. Cerca del centro uno de sus companeros vio una cabeza humana, cabello negro, ni corto ni largo y la piel de la nuca muy irritada por el sol.

El náufrago estaba aún con vida, no sin algún esfuerzo lo incorporaron al bote y le ofrecieron agua dulce.

— “¿Te encuentras bien?”

— “…”

El recién rescatado yacía acostado en el bote, mirada perdida hacia el cielo. La luna y estrellas se reflejaban en sus ojos, como infinitamente pequeñas chispas moviéndose a medida el bote se movía. Los pescadores se vieron forzados a suspender su tarea y regresar a la aldea, de igual manera, no faltaban más que un par de horas para el amanecer.

— “¿Quién eres?  ¿De dónde vienes?”

*****

El náufrago comprendía bien las preguntas y haría un verdadero esfuerzo por responder… si recordara las respuestas.

¿Por qué no puedo recordar dónde estaba? ¿Por que no puedo recordar qué pasó? Creo que tuve una vida antes de hoy, tengo que haberla tenido. El recuerdo, la razón, le eludían. Desesperado, intentaba aferrarse a algo de lo que no estaba seguro. Si trataba de recordar su pasado este se volvía más difuso, si lo intentaba dejar ir de su mente el ahogado grito de este llegaba de visita, aunque fugaz, efímero.

La vida que tuvo hace 3 años, ¿fue real? La persona que era entonces, ¿existió?, ¿existe?. Si no lo podía recordar, ¿había ocurrido? Me perdí, en algún punto del camino. Olvidé mis razones y perdí mis sentidos. ¿A dónde ha ido ese hombre, quién era, fue real?  “No.” le respondió su corazón. Y supo que era cierto. No recuerdo mi pasado porque jamás ocurrió. Y si acaso fue real nunca importó, el pasado es sólo una ilusión, la mentira que me he estado diciendo de que tengo una historia, de que vengo de alguna parte y voy hacia algún lugar. Una mentira. La mentira

Algunas nubes en el cielo le presentaban formas tenebrosas, demonios. Su misteriosa compañía casi le resultaba reconfortante. Al menos los demonios son reales, pensó. Su penetrante mirada traspasa mi alma y desnuda la verdad. No hay ilusión que se sostenga a su vista. Y en eso, son mis amigos. No lo puedo tomar más, no lo puedo fingir más. En ese momento, bajo la mirada de los demonios que surgen de su corazón, se dio cuenta de que no importa. No hace falta fingir, no hace falta intentar.

Los pescadores parecían haberse resignado a su estado de perplejidad y estaban más interesados en llegar a la playa del pueblo que en hombre casi muerto que llevaban en su barca. Con esfuerzo, se tomó de la orilla y se impulsó, para dejar caer el peso de su cuerpo sobre ésta. El agua lo tomó con un sonido grave y breve. Sorprendidos, los pescadores se apresuraron a alcanzarlo. El náufrago, con la poca energía que le quedaba, nadó unos metros para alejarse del bote.Los pescadores gritaban, pero él ya no podía entender lo que decían. Lanzaron una soga, para halarlo de vuelta hacia el bote, pero cuando él giró los pescadores se detuvieron, con una mezcla de sorpresa y miedo. De inmediato lo supo. He aceptado a mis demonios y ellos lo pueden ver en mi rostro.

El náufrago nunca tomó la soga. Prefiero la deriva, prefiero el frío y oscuridad del mar. Prefiero la compañía de la soledad. Los pescadores ya no hicieron movimiento alguno por rescatarlo, perturbados, su barca se alejaba poco a poco de la vista. Ahora voy hacia ti, dulce muerte. Pero la muerte nunca lo tomó y de vivir ya había tenido suficiente. Aún hoy los pescadores regresan a casa a contar la historia del demonio que flota en el mar a la deriva y de la sensación equívoca de vacío que deja en sus corazones.

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